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PERFUME

«Después se necesitan las flores, las plantas aromáticas, las que crecen en nuestras colinas en Italia. Y hay que saber qué flores y en qué proporciones. Después, ponerlas a macerar en un tino cubierto durante todo el recorrido de la luna, retirarlas y volverlas a colocar, y añadir la bergamota y el romero, pero solo cuando la luna se vuelve menguante. Ese es el secreto».

 

Estas son las palabras con las que el piamontés Gian Paolo Feminis describió a finales del s. XVII su invento, el Agua de Colonia, la composición perfumada más conocida en todo el mundo.

 

Cuando hablamos de perfumes en el sector de la cosmética, lo primero que se nos viene a la cabeza es la rosa. Esta flor, en efecto, es indispensable para la creación de las esencias perfumadas. Pero solo con la rosa, cada esencia de éxito no tendría ningún futuro. He aquí pues que entran en juego las fragancias cítricas, como la mandarina, el azahar y la bergamota. Cada perfume se considera una obra de arte que encierra, al igual que un cuadro o una novela, su propia historia, que debe ser contada aún antes de ser entendida.

 

Armonía y genio creativo actúan de tal forma que cada perfume tenga su personal riqueza olfativa y sea reconocido con el tiempo a través de fragancias en perfecto equilibrio entre sí.

 

Cada perfume está compuesto por tres notas distintas:

 

  • notas de salida: ligeras y volátiles, como la lavanda, el romero, la bergamota, el nerolí, el limón y la naranja;
  • notas de corazón: intensas y duraderas, como el jazmín, la rosa y el geranio;
  • notas de fondo: profundas y persistentes, como el vetiver, el sándalo, la madera de cedro, el cedro y el musgo.

 

Para la realización de la fragancia perfecta ha de haber un equilibrio impecable entre las tres notas, que, al mezclarse, consiguen despertar emociones distintas. Cada proyecto olfativo que da vida a una fragancia prevé el empleo de aceites esenciales de los cítricos, que ya hace 5000 años eran conocidos y utilizados en la civilización del antiguo Egipto.

Basándose en la receta del Agua de Colonia, en 1792 fue realizada el Agua de Colonia Original 4711, una esencia que consiguió mantener en secreto su composición durante casi dos siglos. Este perfume nació con el objetivo de conservar la pureza y las virtudes de sus ingredientes: sus aromas cítricos tocan las tres notas (de salida, de corazón y de fondo) con bergamota, limón y nerolí, los auténticos protagonistas de un perfume de gran prestigio. Así pues, los cítricos no son solamente protagonistas en la mesa, sino que entran a formar parte de un mundo aristocrático de gran refinamiento gracias a sus preciados aceites esenciales. Los aceites esenciales están presentes en las cáscaras de todos los cítricos. A través de técnicas especiales, los aceites esenciales cítricos son extraídos de las frutas para convertirse en la composición básica de perfumes exquisitos y refinados. Los aceites esenciales encierran en su interior todo el aroma de los cítricos, y, tanto si se trata de una bebida, una receta o un agua de colonia, las notas cítricas llegan a la mente y aúnan a todos los sentidos en una enorme sensación de bienestar y felicidad