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LITERATURA

 

En toda la literatura, desde la antigüedad hasta nuestros días nuestros, abundan las referencias más o menos importantes a los cítricos.

 

Ya en la antigua China hay referencias a las mandarinas y a las pamplemusas como tributos al Emperador.

 

En la India, diferentes textos sagrados en sánscrito hablan de cidra y limón, y ya en el año 100 d.C., el primer libro de medicina titulado Charaka Samhita, presentaba indicaciones propedéuticas de cidras, limones y naranjas, tanto dulces como amargas.

 

En la antigua Grecia, hasta antes que la literatura los cítricos conquistaron la mitología. No fue casualidad si las bodas de Zeus se celebraron en el Jardín de las Hespérides, lugar donde diferentes manzanas doradas (naranjas) constituían el marco de este panorama trepidante de la historia de la literatura antigua del Mediterráneo.

 

En la literatura latina abundan las referencias a la cidra ya en época antigua, periodo en el cual los cítricos empezaban a aparecer también en los primeros recetarios del II siglo d.C.

 

Entre la Edad Media y el Renacimiento los cítricos entran en los libros también por su uso medicinal además que gastronómico.

 

Pero los cítricos aparecen en la literatura no solo en el pasado, en las poesías y en las novelas del siglo XIX, a lo largo de las orillas Mediterráneo, poetas y escritores de fama internacional, como SalinasMontale y Quasimodo, han ofrecido al mundo entero textos contemporáneos con claras referencias a estos frutos maravillosos.